sábado, 1 de octubre de 2011

La desnudez

La Desnudez
por Sandra B. Valentín

La hermandad entre la desnudez y el pudor se la inventó la gente de este siglo... y es tremenda patraña. La desnudez es maravillosa, no hay que tener de ella repelillo alguno. No debe tenérsele miedo a la ajena ni vergüenza de la propia. Hay que celebrarla cuando la tenemos en frente, disfrutarla cuando esta sobre nuestra piel. El cuerpo humano es una obra de arte, son millones y millones de obras maestras las que caminan por ahí disfrazadas con trajes, mamelucos, taparrabos, gorros, pantalones, camisas, medias, calzones. Parecidas en rasgos generales pero bajo la lupa de la desnudez cada una es única y hermosa. Aun en el más abstracto de los casos siempre puede encontrarse ese detalle que completa la perfección en cada uno de nosotros.
¡Qué si los complejos! Qué grande mentira es el canon de belleza que nos quieren introducir los medios por ojo, boca y nariz. Ese concepto del cuerpo ideal esta tan restringido que ni siquiera la gente que lo modela y lo promueve lo llena a cabalidad. Límpiense mis niños las mentes de esas ideas dañinas. Párense completamente desnudos frente a un espejo... mírense, huélanse, siéntase ¡carajo! pásense la lengua por donde puedan. Obsérvense usando todos sus sentidos hasta que se amen tal y como son. Durante los setenta u ochenta años que les dure la vida ese cuerpo será suyo para alimentarlo, cuidarlo, asearlo y lo demás. Ese es demasiado tiempo a cargo algo que realmente no sabemos qué es. Por ello aliento a que lo conozca, con sus limitaciones y fortalezas, lo que les gusta y disgusta.
La desnudez es un regalo, que nació con nosotros. Desde entonces no hemos hecho nada que buscar excusas para devolverlo. ¡Que si la moral! Qué monumental blasfemia es la moral cuando se usa el término de mala manera. La ropa esta sobre nosotros, primero que todo, con propósitos de protección de la piel contra el clima. Para que no nos queme el sol ni el frío ni la nieve ni la lluvia. La ropa no es para esconder algo terriblemente pecaminoso. Es que la sexualidad que representa nuestros genitales es la cosa más normal del mundo. Y es el morbo que se le adjudica un hijo de la mala moral, una excusa para despreciar el regalo de nuestra desnudez. La misma gente que se inventó la pornografía para quitarle al acto sexual su connotación sagrada se inventó ahora que dos personas no pueden amar su cuerpo y el de los otros porque... ¡qué escándalo un escote! ¡qué horror un hombre con una erección mal disimulada! ¡ah, una camisa sin mangas! ¡el cuarto jinete del Apocalipsis: un bikini!
¡Qué soberana pamplina es el escándalo de todo el mundo! Queriditos, escuchen la voz de alguien que lleva años recorriendo este mundo con los ojos bien abiertos y pendiente a tantas cosas que al ojo humano pasan desapercibidas.
 
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