Llanto Subterraneo por Draco Cornelius
Es un mal sueño largo, una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito, que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia, del ojo abierto y el morir despacio,
el morir despacio!
Voy, voy a volverme un llanto subterráneo.
Voy, voy a volverme un llanto subterráneo.
la,la,la,la,la,la,la,la
Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, recién niño del sol de rostro negro
arrullado en la cuna del silencio, mamando oscuridad
corazón desierto, niño mío, cielo enterrado
y manantial aereo
Voy, voy a volverme un llanto subterráneo.
Voy, voy a volverme un llanto subterráneo.
Un llanto subterráneo,
Un llanto subterráneo.
http://www.youtube.com/watch?v=yDG9x9ldhyQ
Asociación de Escritores Universitarios
de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
domingo, 29 de diciembre de 2013
domingo, 22 de diciembre de 2013
La Construccion Social De La Tecnologia
March 16, 2011 at 3:01pm
La tecnología asistitiva ha imposibilitado el
contacto frente a frente con los seres humanos: En lugar de hablar textean por
celular, en lugar de verse se llaman por teléfono, en lugar de salir a conocer
gente nueva se quedan pegados en el chat disque conociendo gente, en lugar de
compartir ideologías de manera verbal usando los 5 sentidos se han conformado
con expresarse en la internet.
Aquí en, F.B.
¿Quién te escucha reír, cantar o llorar? ¡Nadie! Todo el mundo te lee
brevemente.
Esta es la
manera en que se da la construcción social de la tecnología. En ocasiones es útil,
pero en otras, como el área psicoafectiva, no lo es. Nos hemos segregado unos
de otros escondiéndonos tras la máscara de la foto de nuestro perfil cibernético,
el cual en gran medida es un escudo que nos protege de las críticas que creemos
nos harán daño.
Añoro el contacto humano y la socialización, ambos
son necesarios en nuestro psicodesarrollo mental. ¿No os sucede que cuando
salen de su casa siempre están pegados a su teléfono móvil? Bien sea texteando
o hablando con alguna persona, hecho que nos imposibilita conocer nuevas
amistades, hecho que nos hace ser aún más antisociales.
¿Qué tan difícil es volver a socializar con las
personas, decir un buenos días, decir un buen provecho, preguntar cómo estás?
Acostumbro hacerlo todo el tiempo y la gente responde con miradas acosadoras,
se preguntan que una se trae entre manos o ¿Por qué me habla esta persona?
Debemos continuar socializando con los seres
humanos, no podemos utilizar la tecnología como escudo para no enfrentar al
mundo, debemos crear conexiones y relaciones que aunque en ocasiones no
funcionen, podemos aprender de los errores para no cometerlos nuevamente. Todo
en la vida tiene un riesgo, pero si no te arriesgas y te escondes detrás de tu
celular, computadora, audífonos, u otros aparatos tecnológicos, ¿Cómo puedes
experimentar el mundo y las personas?
Queda establecido que no hay nada que sustituya el
contacto humano-físico-personal-psicoafectivo frente a frente.
Al Caballero De La Triste Figura
Por Valkiria
Cuando le miro,
No veo su camino.
Me siento perdida,
Un poco marchita.
Cuando me habla,
Me apuñala por la espalda.
Y mi subconsciente,
Revela el asunto contundente.
¿Ser o no ser, que será de mí?
¿Por qué me maldijo vuestro honor?
¿Ver o no ver, no seré su fin?
Y convertirnos en ermitaños nada más.
Comenzar una nueva vida,
Con una nueva identidad,
Y olvidar lo que el tiempo
Ya dejó, atrás.
Adoptar una nueva personalidad,
Para adaptarnos a esa maldita sociedad,
Que os juzga por vuestro físico;
Y por vuestra manera de pensar.
The Great Dictator's Speech, Charlie Chaplin, 1940.
Dictators free themselves but they enslave the
people! Now let us fight to fulfill that promise! Let us fight to free the
world - to do away with national barriers - to do away with greed, with hate
and intolerance. Let us fight for a world of reason, a world where science and
progress will lead to all men’s happiness. Soldiers! In the name of democracy,
let us all unite!
Estel Zero
-Manolo y el demonio-
Iba Manolo un buen dia,
caminando hacia el juzgado,
cuando al torcer una esquina,
salio un demonio emboscado.
Manolo, dijo el demonio,
hace un día caluroso,
te invito a una cerveza,
soy un diablo generoso.
Hubo su tira y afloja,
y al fin Manolo cedió,
juntos y mano a mano,
con el demonio bebió.
Y así, entre jarra y jarra,
Manolo se fué animando,
y al demonio le contó,
que sabía donde y cuando,
el demonio se creó.
El diablo dió un gran grito,
y el bar se llenó de espanto,
pues no creía el demonio,
que Manolo sabía tanto.
Con prisa y sin miramiento,
de allá se marcho el demonio,
teniendo que pagar Manolo,
y le sirva de escarmiento,
todo lo que se bebió el diablo,
quebrando su patrimonio.
Iba Manolo un buen dia,
caminando hacia el juzgado,
cuando al torcer una esquina,
salio un demonio emboscado.
Manolo, dijo el demonio,
hace un día caluroso,
te invito a una cerveza,
soy un diablo generoso.
Hubo su tira y afloja,
y al fin Manolo cedió,
juntos y mano a mano,
con el demonio bebió.
Y así, entre jarra y jarra,
Manolo se fué animando,
y al demonio le contó,
que sabía donde y cuando,
el demonio se creó.
El diablo dió un gran grito,
y el bar se llenó de espanto,
pues no creía el demonio,
que Manolo sabía tanto.
Con prisa y sin miramiento,
de allá se marcho el demonio,
teniendo que pagar Manolo,
y le sirva de escarmiento,
todo lo que se bebió el diablo,
quebrando su patrimonio.
Septiembre, 21, 2012.
Eros y Tánatos (A A. Arraiza)
September 24, 2013 at 12:38am
El Deseo y la Muerte su mejor definición conocen
en su hacerse la sombra uno al otro, la no-correspondencia
que los profanos juzgan por disparidad absoluta
al no ver las raíces que les vinculan.
El anhelo se dirime en perseguir su objeto,
la orexis que por sublimación
se vende en la disolución del postergar,
las aguas difuntas y redivivas
que tantean su invención en cada beso perforado.
La Muerte procura el mito de su existencia
en su ávido anhelar recalcitrante, sus abismos centrífugos que
no admiten razón ni orden por más que invitan a razón y orden:
su grande y pequeña cúspide marcan el destello a una con el mirar famélico,
las sanguijuelas que en vano exigen plenitud a la sangre que han sorbido
en su simulación furtiva de la muerte del deseo.
El Deseo y la Muerte saben su óptima definición
en hacerse la silueta el uno al otro, la pulsión que
sabe la aprehensión de cuyo fuerte brazo no ha de liberarle
ascesis ni disciplina alguna, el disiparse que el bohemio
bien conoce en su poetizar el deseo de la muerte,
el besar el espejo fisurado de su mestizar impertinente.
Federico Lotario
Miércoles 5 de abril de 2013
en su hacerse la sombra uno al otro, la no-correspondencia
que los profanos juzgan por disparidad absoluta
al no ver las raíces que les vinculan.
El anhelo se dirime en perseguir su objeto,
la orexis que por sublimación
se vende en la disolución del postergar,
las aguas difuntas y redivivas
que tantean su invención en cada beso perforado.
La Muerte procura el mito de su existencia
en su ávido anhelar recalcitrante, sus abismos centrífugos que
no admiten razón ni orden por más que invitan a razón y orden:
su grande y pequeña cúspide marcan el destello a una con el mirar famélico,
las sanguijuelas que en vano exigen plenitud a la sangre que han sorbido
en su simulación furtiva de la muerte del deseo.
El Deseo y la Muerte saben su óptima definición
en hacerse la silueta el uno al otro, la pulsión que
sabe la aprehensión de cuyo fuerte brazo no ha de liberarle
ascesis ni disciplina alguna, el disiparse que el bohemio
bien conoce en su poetizar el deseo de la muerte,
el besar el espejo fisurado de su mestizar impertinente.
Federico Lotario
Miércoles 5 de abril de 2013
martes, 22 de noviembre de 2011
Donde Caben Dos, Caben Tres
Narración inspirada por reto de Isabella y Tina de escribir un cuento porno
Por: E.J.Nieves (Edgar J. Nieves)
Abrí la puerta y se me lanzó encima como leona que caza a su presa. Parecía un monstruo, no de fea porque de eso nada tenía. El deseo decoraba su rostro, sus ojos hablaban por sí solos y sus labios se arraigaban a los míos con gran recelo. Sin mirar me fue desvistiendo. ¡Camisa afuera! En la oscuridad encontró el camino al cuarto. ¡Es que se sabía la ruta de memoria! El deseo de la excitación se hacía más augurante. Su boca mordía mis labios; yo soltaba algún quejido de dolor placentero. ¿Por qué será que el sexo es el dolor que más se goza? ¡Placer! ¡Gemidos! ¡Labios rojos, violáceos! ¡Adentro! ¡A fuera! ¡Se grita! ¡Se llora!
En este punto me lanzó a la cama. ¡Fuá! Caí como balón que asesta al aro. Y sin perder el tiempo ya se encontraba encima de mí. ¡Uñas! ¡Arañazos! ¡Besos! ¡Mordidas! ¡Tetillas! Y zipper abajo. No hay tiempo que perder, “manos a la obra” que “el tiempo es oro”. Y cualquier otro refrán que con esto convenga.
Besos de nuevo. ¡Grito, excitante! Lengua que cruza mi pecho, entonces me vuelvo erecto. Ella lo siente, le gusta y sonríe. ¡Ha encontrado el punto débil! ¡El punto clave! ¡El punto estratégico! ¡Cualquier otro punto! Sin sorna comienza a moverse sobre el erecto. Lo disfruta. Sus ojos se tornan, se vuelven blanco. Nuevamente, lo disfruta y otra vez y una vez más. Se inclina sobre mí, quizás para sentirlo con un poco más de presión. ¡Sí, la cabeza! Y comienza a jugar con mis pezones. ¡Punto débil! ¡Ahí quedé! ¡Gemido! ¡Sonrío! ¡Muerde, sí ella! ¡Juega, otra vez ella! ¡Su lengua, húmeda, fría, mojada! Sí, su lengua. Con su punta de la lengua, solo eso. Serpiente mortífera. Veneno. Mordida. Profunda y superficial. Juego infernal. Para, se detiene. Me mira a los ojos, fijamente, por primera vez, y me pregunta cómo me siento. ¡¿Qué cómo me siento?! Excelente. Excitado. Caliente. Deseoso. “¡Qué importa! No pares y sigue”, grito, contesto sinceramente no sé cuál de las dos. Me sonríe y continúa.
¡Pantalones abajo! Lo mira, sí, al erecto. Sonríe, una vez más. Se relame, como perra con hambre o quizás en celo. Pasa su lengua por sus labios de forma provocativa. Y me da un bioco. ¡Me toca! Pero para. ¡Para! Se quita la blusa. No lleva sostenes, esto ya lo había planificado. Quedan al aire, indefensos, redondos u ovalados. ¡Qué importa! Se mueven cuando ella se mueve y se restriegan por mi cara. Sí, se encuentra inclinada sobre mí. Al rato ya no lleva ropa. Está desnuda. Como en el jardín del Edén. Adán y Eva. El fruto prohibido sinónimo de sexo.
Ya no hay más preámbulos. Ha jugado con su presa el tiempo suficiente (hecho totalmente irrelevante decir que la víctima soy yo). Ya se ha cansado de jugar y tiene hambre. El rugido del estómago de la leona se escucha en el aire. Su presa frente a sus ojos se encuentra, la presa soy yo. Abre sus fauces, enormes, gigantescas, cavernosas y comienza a comer. ¡Muerde! ¡Arranca! ¡Mastica! ¡Traga! Y se repite el ciclo, múltiples veces. Aún se encuentra jugando con mi pecho. El erecto abajo la espera, espera sus enormes fauces. Ya no hay por qué esperar y ataca así sin más. “El que con fuego juega…” “Si por carne maúllas, aquí está la tuya”. ¡Abre! ¡Cierra! ¡Chupa! ¡Absorbe! ¡Saborea! ¡Sudor! ¡Carne! La siento jugando con su lengua.
Entonces se activa mi memoria y me transporto. Palabras escuchadas mucho tiempo atrás se hacen reflejo del momento. El sexo no es solo el encuentro de dos cuerpos, sino el encuentro de todas las personas con las que tú y la otra persona han experimentado. ¡Flash! Ya no estoy con ella. Sí, aún juega con el erecto como si fuera un juguete, se entretiene y mi mente se transporta…
Allí está él, tan hermoso, impecable, carnal, instigador del pecado. Se me acerca, nos besamos si más anuncio y ya nos encontramos en la cama donde ahora me encuentro o encontraba. ¿Qué parte es más real? Le sonrío, no con sonrisa habitual sino invitándolo a acercarse y él me entiende. Nos desnudamos. ¡Besos! ¡Lengua! ¡Boca! Lo típico. Me muerde el lóbulo y yo le acaricio su pecho. Le lambo su pecho. Absorbo sus pezones, lentamente, cuidadosamente, paulatinamente, ect. Me mira lo miro, nos miramos. ¡Pícaro! ¡Atrevido! ¡Hermoso! Sus ojos! ¡Azules! ¡Verdes! ¡Grisáceos! Mezcla de todos! ¡Qué más da! Nos besamos, de nuevo. Salvajemente. Compartimos nuestra saliva. Su lengua se adentra en mi boca, la mía en la suya. Jugamos y más besos.
No más formalidades y “mano a la obra”. “No hay más tiempo que perder”. ¡El tiempo es oro! El erecto es nuevamente víctima, no de leona furiosa sino de león atrevido. Pero ya lo lleva adentro, juega, lo toca y lo acaricia. ¡Gemido! ¡Sí, mío! ¡Placer! Le aguanto su cabeza para que siga con su juego. En su boca el erecto, casi se atraganta y lo saca. Me mira como diciendo: “cógelo con calma” y sin más continúa. Con una mano lo aguanta con su lengua juguetea con la cabeza.
¡Placer doble! Él y ella. Ambos. Los tres. Vuelvo, el recuerdo queda atrás. Se detiene, de repente, sin anuncio. Me mira y pregunta: “¿En qué piensas?” Abro mis ojos porque los tenía cerrados y la miro. Mirada fija. ¡De dos filos! ¡Cuchillas que cortan! “En nada”, le digo, “continúa”, añado y le meto el erecto en su boca para que siga jugando.
¡Flash! De nuevo. Estoy con él. Continúa jugando y yo para hacerle gozar un poco más le toco también. Se lo agarro, lo aguanto en mi mano. Lo comienzo a frotar. Arriba, abajo, arriba, abajo. Aumento velocidad y disminuyo. ¡Masturbación! ¡Froto! Le acaricio sus dos sacos que le cuelgan y él para. Aún lo tiene adentro y trata de mirarme para sonreír con el erecto adentro. ¡Punto débil! ¡Punto estratégico! ¡Punto clave! Y así continúa el juego, el con su boca yo con mi mano.
Y regreso una vez más. Ella se ha cansado de chupar. La paleta ya perdió el sabor. Los adentros de su boca se han lacerado, tamaño le rozan por dentro. Ya no quiere sentirse dentro de mí, quiere sentirme dentro de ella. Así comienza otro juego. ¡Penetración! ¡Expansión, y no es territorial! ¡Humedad! ¡Brincos! ¡Brincos! ¡Más brincos! Yo acostado y el erecto dentro de ella. Brincos leves encima de mi vientre, se inclina sobre mi pecho y las sensaciones cambian. ¡Deseo! ¡Excitación! ¡Gemidos! ¡Más gemidos! Más de ella que míos.
¡Flash! El juego bocal y manual ha acabado. Ahora deseamos experimentar otros lugares. ¿Quién quiere primero? Decidimos. Yo primero. Se arrodilla en la cama, le miro. Está preparado y poco a poco, procurando no causarle dolor, aunque en el sexo el dolor cuenta, me adentro en él. ¡Gemido! ¡Dolor! ¡Alivio! ¡Adentro y afuera! Nuevamente ese patrón. Él lo disfruta y yo lo disfruto. Le acaricio la espalda. Él comienza a tocarse. ¡Autodescubrimiento! ¡Placentero! ¡Adentro! ¡Afuera! ¡Arriba! ¡Abajo! Dos patrones diferentes que causan placer por igual.
Regreso. Estoy dentro de ella y dentro de él. Sus senos se mueven. Extiendo mis manos y los toco. Acaricio, Sobo. Palpo. Y ahora comparo con sus sacos. Redondos ambos por igual. Éxtasis. Elipsis final. Culminación. Sus brincos van disminuyendo. ¡Orgasmo! A la vuelta de la esquina. ¡No! La esquina ya la ha pasado. ¡Está ahí! Aún viene. Y puff. ¡Escupo! ¡Explosión! ¡Emano! ¡Salpico! ¡Flash! Se repite el mismo patrón yo dentro de él y él con su mano. Elipsis. ¡Explosión consecutiva! Y los tres caemos rendidos en la cama.
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