Este es una de las historias del reto de la semana pasada sobre escribir una historia comenzando por el final.
Por: Nicole Rivera
Flotaba, como suspendida en el espacio, sin moverse, sin respirar, en la soledad de aquella terraza lujosa de la mansión que su querido y traidor esposo le había provisto por falta de atención. ahora sí que no se escuchaba nada, no se sentía nada, solo el agua y las pocas olas pequeñas de su primera y única acción. Pero, ¿Qué ha de esperarse? Una piscina, desolada en las riquezas de su "humilde" mansión parece una solución razonable a toda aquella tensión. Fue hace poco que ella lo supo. ¿Quién iba a saber que una noche de amigas en el pub más popular de la comemierdería urbana iba a ser la respuesta? El amor de su vida, su marido, bailando íntimamente con aquella mujer, su ahora ex-amiga pero entonces amiga de infancia a quién le contaba todo. Se supone que él estaba en su trabajo en una reunión. Pero, pensó él, se supone que ella estuviese en el cine, si sentía mal, ni si quiera quiso acostarse con él ayer. Desolado pues, buscó refugio en la amiga compartifa, ella sabría por qué ella su amiga no se quiere acostar con su marido desde hace tres semanas. Las razones si estaban, la amiga sí sabía que hace cuatro semanas ella se envolvió con el trabajador de mantenimiento de su hogar; Arturo. Todo fue mientras el marido participaba de un viaje de trabajo en un hotel lujoso en Cancún con todo trago pago y la mejor compañía que el dinero puede comnprar. Pero pues, hace ya dos meses que Arturo le hechaba el ojo pero ella en su prudencia lo denegaba. La carne es más fuerte que la conciencia. Y pues, asi vivía ella, con la miseria de la soledad y lo insopotrbale que es el dinero. "Arturo, una toalla por favor" y así Beatriz, después de un tiempo relajante en su piscina salió al encuentro de ahora su mejor y más rico secreto.
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